Todo está bien… y eso me perturba. Empiezo a estar intranquilo e inseguro (la falta de costumbre). Ya no se hacía donde apuntar, hacía donde mirar ni en qué debo volcar mis ilusiones y mi esfuerzo. Miedo a lo desconocido.
Una mala mirada, un mal sentimiento, unas palabras equivocadas, un pensamiento que recorre mi cerebro despertando viejas costumbres. Vuelvo a ser yo por breves instantes y esa sensación de seguro malestar empieza a arrastrarme. No quiero… no quiero volver a atrás, pero me embauca un sutil canto de sirena y empiezo a temblar. Estoy de nuevo a salvo. Dejo que me cubra, que me manipule, que decida por mí… dejo que me lleve a lo más hondo, al rincón mas sucio y oscuro (a mi rincón preferido que tanto conozco).
La luz parece muy lejana igual que la voz de la gente que me habla… pero no se bien que dicen. Hay algo, algo que nos separa y nos hace ser diferentes. Quizá nunca comprendan, como yo no los comprendo a ellos… somos opuestos y por mucho que me acerque al norte y pueda estar con él un tiempo, tarde o temprano siento como el sur me devuelve con fuerza y sin piedad a mi lugar. Y yo me dejo.
Bañaré de alcohol mis lágrimas e intentaré ver a través del denso humo en mi mundo imaginario donde soy el rey de un reino yermo y frío donde ni el más cuerdo hallaría la paz. Me ahogará mi propia mente y me llevará por las más oscuras sendas, la maldeciré por no dejarme y la echare de menos cuando no esté para guiarme y me encuentre solo. Vomitare sobre lo que está bien y romperé los esquemas. He vuelto, he vuelto de nuevo al único asqueroso lugar donde no soy un intruso.
Alejandro de Chagro