El jefe de policía, como todos los días, se despertó y tras darse una ducha y desayunar, fue a trabajar. Allí le esperaba una pequeña sorpresa… el asesino en serie había sido encontrado, colgado de una soga en su propio piso.
Con cierto alivio (pues ya todo había terminado) se dirigió en su coche a la escena del crimen. No tardó en llegar y allí le esperaba su subordinado, quien por fin siguiendo las pistas había encontrado al autor de los crímenes aunque un poco tarde… pues se había suicidado muy convenientemente unas horas antes de ser encontrado.
Cuando juntos entraron, no podía creérselo… ¿Había sido el todo ese tiempo…y en sus propias narices? Un miembro del propio cuerpo de policía… no podría salir de su asombro.
-Ha sido el todo este tiempo… ¡Es imposible!
-No lo es señor… la casa esta llena de pruebas que lo incriminan directamente. Lo trágico es que no nos diéramos cuenta antes… podríamos haber salvado vidas.
-Tienes razón… Es una pena que este hijo de puta se haya librado. Además, tampoco entiendo el por qué de sus actos.
-En su estudio había un diario, un diario donde explicaba sus frustraciones y cada uno de los asesinatos con unos detalles que solo el asesino podría conocer. Hemos cotejado el contenido con la carta que envió y las letras coinciden a la perfección.
-De acuerdo… cado cerrado. Que lleven todo esto a la comisaría y el cadáver a la morgue. Buen trabajo. Creo que no hace falta que le diga que ahora que nuestro inspector ha muerto… usted ocupara su lugar. Es lo justo, las últimas semanas ha demostrado que tiene capacidad de sobra. Enhorabuena.
-Gracias señor…
Y mientras el jefe de policía se alejaba, al nuevo inspector se le asomaba una siniestra sonrisa… la sonrisa que experimenta un jugador de ajedrez cuando el jaque mate es inminente después de toda su estrategia.
-¿Lo ves? Todo ha salido como te dije… lo único que tenias que hacer era seguir mi plan. Ahora te has librado de los asesinatos y has ascendido, todo en la misma jugada… bravo. Si trabajamos juntos podremos tener la vida que siempre soñaste. Quizá le acabe pasando algo al pobre ingenuo del jefe de policía… ¿quién sabe?
Alejandro de Chagro