Lluvia ácida (1)

Posted: febrero 26, 2012 in Serie: Lluvia ácida

Lo odio. Odio el mazazo que supone el despertador cada mañana. Otro día insípido… otro más. Desayunar, ir a trabajar, comer, trabajar, volver a casa ¿Dónde quedó el ocio? ¿Dónde escondieron los sentimientos? Cedimos… cedimos al capitalismo. Somos sus pequeñas marionetas, sus diminutos engranajes que lo hacen funcionar. Es curioso como el ser humano siente miedo. Tenemos miedo de nosotros mismos, de pensar, de sentir, de ser creativos o de poder sentir dolor. Era más fácil crear algo que nos cosificara, que nos guiara y nos permitiera no pensar. No somos más que un bolígrafo, una tuerca, una rueda o un trozo de papel. El camino sencillo nos hizo elegir sin dudar, y sustituimos los sentimientos por falsos placebos: consumismo (por felicidad), beneficio (por autoestima), egoísmo (por compasión)… Y en cambio los sentimientos inútiles fueron eliminados: amor, empatía, cariño… son palabras que apenas ya se usan.
Todas las mañanas me repito el mismo discurso, para siempre llegar a la misma pregunta: ¿qué hacemos los que nos quedamos fuera? Podemos ver que esto no esta bien, no nos dejamos llevar por la multitud. Sin embargo no podemos ir e contra de ella y nos quedamos sin la capacidad de ser felices. Simplemente no sabemos. Y vamos viviendo de forma triste, hasta que morimos.
Pero aunque no encaje aquí, tengo que vivir, trabajar, tener una casa… ¿Por qué soy químico? Algo tenía que hacer ¿Era lo que más me gustaba? Desde luego que no… pero era quizá lo que menos me disgustaba. Ya no hay cabida para la vocación. El talento ha cambiado, ahora consiste en la capacidad de generar dinero y depredar, ese es el nuevo “talento”. Literatura, música, artes escénicas, filosofía… ¿de qué servía todo aquello en esta nueva sociedad? Absolutamente de nada… es más, son cosas perjudiciales que hacen pensar y desarrollan la creatividad, son cosas peligrosas que debían ser prohibidas. Pero la culpa es nuestra por aceptarlo. Estamos encerrados, nada de esto parece que vaya a cambiar y cada vez se hace más evidente
Como cada mañana voy andando al trabajo (cosa cada vez menos frecuente en la gente, como dar un paseo), aunque siempre sigo el mismo camino. Dos cafeterías, tres bancos, incontables tiendas (ropa, electrónica, cosméticos…), dos centros de adelgazamiento (paradójicamente la imagen es muy importante; la sociedad de la apariencia, bello por fuera y vacío por dentro), ni una librería, ni un teatro, ni medio cine (y no me refiero a las veintitrés salas donde proyectan basura en imágenes, incluso e tres dimensiones que te hacen apreciar todos los matices de la mierda que estas viendo, carentes de argumento y de sentimiento… pero sin embargo desbordan violencia, diálogos insípidos y efectos especiales. Pero aun así… son taquilleras). Pero lo que más me perturba, sin duda, es pasar por delante del colegio (que queda a apenas doscientos metros de mi trabajo). Normalmente intento bordearlo o cambiar de calle, pero hoy al ensimismamiento mental en el que me he sumergido ha sido el causante de que pase justo por la puerta. Es la hora de entrar de los pequeños futuros consumistas. Por eso no existe la esperanza del cambio, criamos a pequeños monstruos pasivos que solo han conocido este momento… son los hijos del capitalismo y no sobrevivirían sin él, no podrían entender la vida de otra manera. Todos en fila, no corren, no hablan, no juegan, solo esperan… esperan ordenes que acatar como un ejercito de infantes (siempre que lo veo me dan escalofríos). Podríamos decir que la escuela se trata de un cursillo de como vivir, una preparación, un lavado de cerebro que mata sus pequeños sentimientos. Maldigo el día que caí enfermo y me quedé en casa tanto tiempo lejos de esa nociva influencia necesaria para sobrevivir aquí. Maldigo el día que empecé a pensar y a ser diferente.
Cincuenta metros. Solo eso y me liberare de mis tormentosos pensamientos ¿A qué punto hemos llegado? Los pensamientos… una amenaza.
-¡Al suelo! Tranquilícese…
Oigo ruido, gritos y alarma en los niños. Me giro rápida e impulsivamente (no es nada común oír tales alaridos en la calle) Hay un hombre que parece que vaya a caerse y se está… ¡se está riendo! Hacía años que no escuchaba una risa (ya no hay tiempo para eso, hace años que fue eliminada). El hombre se carcajeaba de forma obscena. Le lloraban los ojos, estaba rojo y empezaba a caerse al suelo sin dejar de reírse. Los niños lo rodeaban señalando, cuchicheando… estaban asombrados, probablemente nunca habían visto nada así. La maestra, como podía, forzaba a los niños a entrar al recinto intentando que dejasen de mirarlo (dios… eso los traumatizará casi de por vida, pensaba probablemente la maestra). La policía estaba ahí intentando llevárselo, pero aquel hombre no podía tenerse en pie. Entre ambos agentes consiguieron reducirlo y forzarlo a ir con ellos (era increíble lo eficiente que era la policía en estos casos… cuando pasaban cosas que la gente corriente no debía ver). En pocos segundos únicamente quedaban un par de personas testigos de tal escándalo público, que comentaban lo que había pasado.
-Que vergüenza, delante de los niños… desviando a los pequeños.4
-Malditos drogadictos, deberían deshacerse de ellos. Espero que le den un buen escarmiento.
Que situación más extraña… parece ser que soy el único que ve lo inverosímil que es todo esto.

 

Alejandro de Chagro

Muerde el polvo

Posted: enero 22, 2012 in Reflexiones

Mi mente es una cárcel de altos infranqueables muros, con apenas un hueco con barrotes como puños por donde mirar al exterior, donde otros son felices sin ser sometidos a condena injusta y desmedida. ¿Por qué? Puedo reír y llorar, hablar y amar. Nací atrapado sin la llave del cerrojo, crecí rasgándome las uñas en mis grilletes y moriré arrancándome a dentelladas mis astillados huesos. Galopan libres mis lágrimas y mis chillidos causan terremotos, si acaso un pequeño murmullo al oído externo. Se preguntan quizás que hay en lo alto de la torre y parece que nunca la podrán pisar, pero cuentan que aquello es demasiado oscuro para la gente normal. ¿Por qué no baja nunca? Desde un sitio tan alto, no puede jugar. Y lo sabe y lo siente y lo sufre. Nunca os acerquéis niños, no hay inocencia en sus ojos. ¿Y por qué no lo rematan, si está moribundo? Se quema lentamente, se apaga poco a poco, se extingue la pequeña llama que iluminaba su rostro. ¿Y qué más da? Es otro más. Por mi, lo podrían ejecutar…

Alejandro de Chagro

Horta

Posted: diciembre 6, 2011 in Reflexiones

Levántate
levántate, camina y busca
ese lugar entre la maleza.
ese lugar donde perder la consciencia.
Elevarse… ser uno mismo.
Conocerse, amarse o incluso odiarse.
Pasa de todo.
(las preocupaciones no viven)
Encuentra tu sitio alejado… solitario.
Respira hondo y observa
curioso paisaje.
La hora no existe
y tu tiempo se mide en canciones
Muerte cerebral por algunos instantes,
pierde lo que te une al resto del mundo.

 

Alejandro de Chagro

Adicción

Posted: noviembre 30, 2011 in Reflexiones

Todo está bien… y eso me perturba. Empiezo a estar intranquilo e inseguro (la falta de costumbre). Ya no se hacía donde apuntar, hacía donde mirar ni en qué debo volcar mis ilusiones y mi esfuerzo. Miedo a lo desconocido.
Una mala mirada, un mal sentimiento, unas palabras equivocadas, un pensamiento que recorre mi cerebro despertando viejas costumbres. Vuelvo a ser yo por breves instantes y esa sensación de seguro malestar empieza a arrastrarme. No quiero… no quiero volver a atrás, pero me embauca un sutil canto de sirena y empiezo a temblar. Estoy de nuevo a salvo. Dejo que me cubra, que me manipule, que decida por mí… dejo que me lleve a lo más hondo, al rincón mas sucio y oscuro (a mi rincón preferido que tanto conozco).
La luz parece muy lejana igual que la voz de la gente que me habla… pero no se bien que dicen. Hay algo, algo que nos separa y nos hace ser diferentes. Quizá nunca comprendan, como yo no los comprendo a ellos… somos opuestos y por mucho que me acerque al norte y pueda estar con él un tiempo, tarde o temprano siento como el sur me devuelve con fuerza y sin piedad a mi lugar. Y yo me dejo.
Bañaré de alcohol mis lágrimas e intentaré ver a través del denso humo en mi mundo imaginario donde soy el rey de un reino yermo y frío donde ni el más cuerdo hallaría la paz. Me ahogará mi propia mente y me llevará por las más oscuras sendas, la maldeciré por no dejarme y la echare de menos cuando no esté para guiarme y me encuentre solo. Vomitare sobre lo que está bien y romperé los esquemas. He vuelto, he vuelto de nuevo al único asqueroso lugar donde no soy un intruso.

 

Alejandro de Chagro

…(V)

Posted: septiembre 24, 2011 in Serie: Puntos Suspensivos

El jefe de policía, como todos los días, se despertó y tras darse una ducha y desayunar, fue a trabajar. Allí le esperaba una pequeña sorpresa… el asesino en serie había sido encontrado, colgado de una soga en su propio piso.
Con cierto alivio (pues ya todo había terminado) se dirigió en su coche a la escena del crimen. No tardó en llegar y allí le esperaba su subordinado, quien por fin siguiendo las pistas había encontrado al autor de los crímenes aunque un poco tarde… pues se había suicidado muy convenientemente unas horas antes de ser encontrado.
Cuando juntos entraron, no podía creérselo… ¿Había sido el todo ese tiempo…y en sus propias narices? Un miembro del propio cuerpo de policía… no podría salir de su asombro.
-Ha sido el todo este tiempo… ¡Es imposible!
-No lo es señor… la casa esta llena de pruebas que lo incriminan directamente. Lo trágico es que no nos diéramos cuenta antes… podríamos haber salvado vidas.
-Tienes razón… Es una pena que este hijo de puta se haya librado. Además, tampoco entiendo el por qué de sus actos.
-En su estudio había un diario, un diario donde explicaba sus frustraciones y cada uno de los asesinatos con unos detalles que solo el asesino podría conocer. Hemos cotejado el contenido con la carta que envió y las letras coinciden a la perfección.
-De acuerdo… cado cerrado. Que lleven todo esto a la comisaría y el cadáver a la morgue. Buen trabajo. Creo que no hace falta que le diga que ahora que nuestro inspector ha muerto… usted ocupara su lugar. Es lo justo, las últimas semanas ha demostrado que tiene capacidad de sobra. Enhorabuena.
-Gracias señor…
Y mientras el jefe de policía se alejaba, al nuevo inspector se le asomaba una siniestra sonrisa… la sonrisa que experimenta un jugador de ajedrez cuando el jaque mate es inminente después de toda su estrategia.

-¿Lo ves? Todo ha salido como te dije… lo único que tenias que hacer era seguir mi plan. Ahora te has librado de los asesinatos y has ascendido, todo en la misma jugada… bravo. Si trabajamos juntos podremos tener la vida que siempre soñaste. Quizá le acabe pasando algo al pobre ingenuo del jefe de policía… ¿quién sabe?

Alejandro de Chagro

Aceptación

Posted: septiembre 24, 2011 in Reflexiones

Como si de droga se tratase, las sensaciones me embargan. Mi corazón late deprisa y jadeo de cansancio… mi piel, se eriza al contacto. La cabeza me palpita mientras siento la sangre recorrer todas mis venas y noto mis ojos… que quieren explotar.
Me invade el sentimiento y confuso busco un lugar al que atenerme. Pero no puedo… no entiendo nada. Y horizontalmente triste comprendo que me toca tragar.

Alejandro de Chagro

Desesperación

Posted: septiembre 14, 2011 in Reflexiones

Ayer lloré a mares y creí no aguantar. Ayer pasaron cosas, que prefiero olvidar. Ayer no supe hacer, por estar bien ahora. Ayer decidí ser fuerte y volverlo a intentar.
Hoy pensé que seria diferente y me ha vuelto a pasar. Hoy me desperté creyendo ser feliz y he vuelto a resbalar. Hoy intenté sonreír y no pude a mi pesar. Hoy creí poder reír y he vuelto a llorar. Hoy creí que con mis miedos podía… y me volvieron a ganar.
Mañana no será otro día… mañana no podré. Mañana no me despertaré optimista y no me comeré la pared. Mañana no será diferente… mañana volveré a perder.

 

Alejandro de Chagro

Periplo Taronja (parte 1)

Posted: octubre 24, 2010 in Relatos Cortos

Era un chico joven, inexperto, inconsciente y por qué no decirlo… algo imbécil y engreído. Pero es una cualidad típica de los jóvenes, creer que lo saben todo, han vivido mucho y poseen un gran conocimiento aunque realmente… no sepan nada. Dicho esto, voy a contaros una historia, la historia de un fin de semana que cambió mi forma de ver las cosas y mi forma de pensar.

Todo empezó un jueves… Yo me encontraba en mi habitación con el ordenador, hablando con unos amigos y haciendo planes para el fin de semana. Ir al cine, a un concierto, a un bar o beber en la calle… se barajaban varias posibilidades y se planteaban unas noches entretenidas.
Pasada una o dos horas entró mi madre en mi habitación. Se acercó a mi con cara preocupada y me dijo:
-Hijo, no hagas planes para estos días.
-¿Por qué? –pregunté al momento.
-Tu padre y yo hemos estado hablando. Vas a acompañar al abuelo…
-¿A dónde? –interrumpí.
-A Valencia, iréis en coche al pueblo de tu padre. –sería bueno que os explicase que vivimos en Madrid, pero mi madre y mi abuelo son valencianos que hace treinta años vinieron aquí (donde mi padre conoció a mi madre).
-Pero he hecho planes, no puedo…
-¡Cállate! –me interrumpió en un tono muy fuerte. Se quedó callada y respiró hondo- Sabes que el abuelo esta enfermo… Hace casi treinta años que no ve su tierra. Tu padre tiene que trabajar, lo sabes… no puede ir con él. Por eso vas a acompañarlo tú.
-¿Y eso me llevará todo el fin de semana? –nunca había ido a Valencia, pero sabía que en coche tardaríamos unas horas.
-Si, haréis varias paradas y volverás el domingo. No hay más que hablar. Pasara a recogerte mañana, deberás estar preparado –dijo ya sin mirarme y saliendo de la habitación imposibilitando replica alguna por mi parte.
Me quede ahí plantado sin saber cómo contestar. En ese momento estaba frustrado y cabreado ¿Quién cambiaría su fin de semana por irse con una persona a la que hace meses que no ves y realmente… apenas conoces? Aunque fuera mi abuelo solo tenía algunos recuerdos suyos. Navidades, algún cumpleaños y poco más. Para mi era prácticamente un extraño y sinceramente, no me apetecía estar con él tanto tiempo… sería incómodo. Pero no podía hacer nada, a día de hoy aun no consigo que mi madre cambie de opinión.

Al día siguiente, al acabar las clases y explicarles a mis amigos que no me verían hasta el lunes, me dirigí hacía el lugar donde me esperaría mi abuelo con su viejo coche. Por alguna razón mi abuelo no estaba…. Pero tras media hora de espera apareció con una sonrisa en su arrugada cara y mientras abría la puerta me dijo:
-Perdona fill, se m’ha fet tard. Puja –he de decir que mi abuelo siempre ha hablado conmigo en su idioma. Yo lo entiendo, pero no tan bien como para entender absolutamente todo lo que dice. A partir de ahora intentare traducir todo lo que entendí, no todo… lo siento si me bailan algunas palabras.
La primera hora de viaje pasó de forma corriente y aburrida. Ese coche no tenía radio… por lo que me veía forzado a hablar. Hablábamos de trivialidades… Cómo me iba en clase, con mis padres, mis amigos… cosas así que a las que respondía algo a desgana. Cuando se acabo el tema de conversación reino un gran silencio. Únicamente oía el ronroneo del viejo motor del coche. Estaba distraído mirando por la ventanilla cuando el viejo rompió el silencio preguntándome:
-¿Sabes a dónde vamos?
-Claro, a tu pueblo –respondí como si fuera obvio.
-Bueno si… pero primero pasaremos una noche en el pueblo de tu abuela, después haremos noche en el mío y por la mañana te enseñare algo que quiero que veas… y volveremos a Madrid.
-¿Y qué es lo que quieres enseñarme? –pregunté intrigado.
-Lo veras cuando lleguemos-contestó con una enorme sonrisa en la cara. Era como si se riese de un chiste que yo no había cogido- Por cierto, ¿qué sabes de tu abuela…?
Después de hacerme esta pregunta me contó cosas sobre ella. Yo prácticamente no sabía nada, murió cuando mi padre era aun un niño… Por lo visto era una mujer preciosa de una familia bastante pobre. Mi abuelo tuvo que hacer muchos esfuerzos para poder casarse y conseguir trabajo y casa. Cuando mi padre tenía unos diez años mi abuela cayó muy enferma… y no sobrevivió. Desde entonces mi abuelo trabajó como un mulo para poder sacar el solo a mi padre adelante. Finalmente se mudó de Valencia porque le daban una miseria en el campo… y no le era suficiente para mantener la casa.
No tenía ni idea de por qué no conocía esa historia… supongo que es algo de lo que no le gustaba hablar a mi padre. Desde ese momento empecé a dirigirme a mi abuelo con más respeto… deje de pensar en él como un anciano y empecé a ver la persona que un día fue. Una persona muy fuerte.

Alejandro de Chagro

ENTRADA 7

Posted: octubre 13, 2010 in Serie: Si la orxata colocase

Andando por las calles de este pueblo me doy cuenta de que he generalizado. Aquí el ritmo de vida es mucho menos estresante, más tranquilo. La poca gente que he visto parecía normal, menos trajeada… incluso he visto ancianos paseando tranquilamente. Me gusta este aire pausado, esta lentitud, esta parsimonia.
En cuanto vi a dos mujeres mayores caminando les pregunte que dónde podía conseguir trabajo en el campo y (tras darse cuenta que no hablaba su, para mi nuevo, idioma) me dijeron que fuera hacia el ayuntamiento, que siguiera las señales. Emocionado, fui bastante rápido pero me di cuenta de que no entendía las señales… Tras tres cuartos de hora llegué a mi destino. Lo que yo no sabía era que además el cuartel de la policía local, por lo que he tenido que dar media vuelta e irme.
Y aquí estoy, caminando sin rumbo. Mientras pienso qué hacer me meto la mano en el bolsillo… apenas me queda dinero, el justo para comer unos días. Pero estoy mucho mas tranquilo que en la gran ciudad con su presión policial i la asfixiante muchedumbre. Quizá adelante acontecimientos… pero creo que me gustaría quedarme aquí.
Sin ser consciente de hacia donde caminaba he llegado a una cafetería. Cuando alzo la vista me doy cuenta, sorprendido, que estoy en una horchatería. Mientras estuve en la ciudad no tuve prácticamente tiempo de ir a una, además estaban situadas en zonas centrales con mucha gente y seguridad. Aunque me da algo de vergüenza admitirlo si que intente entrar a una… pero me echaron por mi aspecto desharrapado. Ahora sigo sucio y tengo las mismas (o peores) pintas… pero no creo que me echen de la horchatería (o orxateria, como pone en el cartel) de un pueblo. Finalmente me decido y entro.
El dependiente empieza a hablarme nada más verme:
-¿Puedo ayudarte? ¿Qué te sirvo? –debe haberse fijado en que soy extranjero por el moreno color de mi piel y por eso me habla en el único idioma que entiendo.
-Si, me gustaría probar su horchata… -digo tímidamente.
-Claro, siéntate ahí –me dice señalando una mesa. Yo me acerco y me siento, el local está totalmente vacío y por alguna extraña razón, eso me hace sentir más seguro- ¿Cómo quieres la chufa… fumada, bebida o entera? –me pregunta con total normalidad desde detrás de la barra.
Estoy francamente sorprendido… de donde yo vengo las chufas no son tan puras como para comerlas, beberlas o fumarlas. Lo único que puede hacerse es inyectarla por vía intravenosa para que vaya directamente al cerebro (y aun así el efecto debe ser menor). Me decido y contesto:
-Bebida por favor –contesto.
Al poco tiempo viene hacia mí con un largo vaso de tubo lleno de un líquido blanco medio granizado y lo deja en mi mesa. Lo miro, lo remiro y acerco la nariz… nunca había olido algo parecido. Me arrimo el vaso a la boca y empiezo a beber… está delicioso. Jamás probé en mi país algo así… tan sabroso, tan frío y tan dulce. Cuando me doy cuenta me he bebido la mitad de trago.
-¡Tranquilo! –me dice el camarero entre risas- Es muy fuerte…
Es la primera vez desde que estoy aquí que me siento bien. Por un momento soy una persona normal, bebiendo después de un día duro y olvidándose completamente de todas sus preocupaciones. Por primera vez desde que he llegado estoy sonriendo. Por muy mal que me vayan las cosas… este momento no me lo podrán quitar.

Alejandro de Chagro

ENTRADA 6

Posted: octubre 1, 2010 in Serie: Si la orxata colocase

Faltan un par de paradas para llegar al pueblo que me dijo “el viejo”. Estoy impaciente, tengo ganas de llegar ver como es y, lo más importante, saber si conseguiré trabajo. De todas formas me han avisado de que puede que lo encuentre, pero que no me harán contrato… por lo que estaré en las mismas solo que con algo de dinero. Además si pido contrato lo más seguro es que no me den el trabajo. Este lugar ya no me parece el paraíso del que se me hablaba desde el otro lado del océano. Estoy empezando a desengañarme.
Inmerso en mis pensamientos no me había dado ni cuenta de que un hombre me está hablando. Va vestido de uniforme y tiene la mano abierta… parece esperar a que le de algo. Seguramente me está pidiendo el billete… Le intento explicar lo más educadamente posible que no tengo dinero, pero que necesito llegar a mi destino. En ese momento me pide el DNI con cara de pocos amigos pero al ver mi cara de extrañeza (ya que, no se qué es), me pide la documentación que lleve. En ese momento el corazón me da un vuelco y me quedo pálido. Si quería podía llamar a la policía y… fin del juego. El miedo se apodera de mí… empiezo a sudar y a tartamudear. ¿Qué hago? No se que tengo que hacer.
Justo en este momento me doy cuenta de lo mal que trabajan aquí… hacen solo lo que les conviene. Un grupito que estaba sentado al fondo del vagón no paraban de armar ruido. Eran varios jóvenes con malas pintas escuchando una extraña música (que me pareció de lo más desagradable) y, haciendo caso omiso de los carteles, fumaban dentro del metro (y por lo que podía oler, no era tabaco precisamente). El hombre que me pide la documentación había pasado de ellos, pese a que según las normas debería echarlos en la siguiente estación, para ir directamente a por mí porque, realmente, parezco un vagabundo. Al ver mi cara de espanto me dice que tengo que bajarme con él y esperar a la policía … El mundo se me acaba de caer encima. Todo ha acabado…
A los dos minutos el tren empieza a frenar. Aquel personaje me tiene cogido por el hombro con una mano y con la otra sostiene el móvil con el que destrozará mis sueños. Pero cuando menos lo esperaba, la mayoría de la gente (que había visto lo sucedido) empezó a decir algún tipo de insulto al revisor. Yo no entiendo nada de lo que dicen, no se por qué ¿En qué idioma hablan? Las puertas se abren y la gente sigue voceando en un tono bastante alto… él se defiende como puede. Finalmente, girándose hacia mí me dice: “Anda vete… Y que no te vuelva a ver por aquí”.
Confuso abandono el vehículo y con una mirada incrédula observo como se aleja por las vías…

Alejandro de Chagro