Era un chico joven, inexperto, inconsciente y por qué no decirlo… algo imbécil y engreído. Pero es una cualidad típica de los jóvenes, creer que lo saben todo, han vivido mucho y poseen un gran conocimiento aunque realmente… no sepan nada. Dicho esto, voy a contaros una historia, la historia de un fin de semana que cambió mi forma de ver las cosas y mi forma de pensar.
Todo empezó un jueves… Yo me encontraba en mi habitación con el ordenador, hablando con unos amigos y haciendo planes para el fin de semana. Ir al cine, a un concierto, a un bar o beber en la calle… se barajaban varias posibilidades y se planteaban unas noches entretenidas.
Pasada una o dos horas entró mi madre en mi habitación. Se acercó a mi con cara preocupada y me dijo:
-Hijo, no hagas planes para estos días.
-¿Por qué? –pregunté al momento.
-Tu padre y yo hemos estado hablando. Vas a acompañar al abuelo…
-¿A dónde? –interrumpí.
-A Valencia, iréis en coche al pueblo de tu padre. –sería bueno que os explicase que vivimos en Madrid, pero mi madre y mi abuelo son valencianos que hace treinta años vinieron aquí (donde mi padre conoció a mi madre).
-Pero he hecho planes, no puedo…
-¡Cállate! –me interrumpió en un tono muy fuerte. Se quedó callada y respiró hondo- Sabes que el abuelo esta enfermo… Hace casi treinta años que no ve su tierra. Tu padre tiene que trabajar, lo sabes… no puede ir con él. Por eso vas a acompañarlo tú.
-¿Y eso me llevará todo el fin de semana? –nunca había ido a Valencia, pero sabía que en coche tardaríamos unas horas.
-Si, haréis varias paradas y volverás el domingo. No hay más que hablar. Pasara a recogerte mañana, deberás estar preparado –dijo ya sin mirarme y saliendo de la habitación imposibilitando replica alguna por mi parte.
Me quede ahí plantado sin saber cómo contestar. En ese momento estaba frustrado y cabreado ¿Quién cambiaría su fin de semana por irse con una persona a la que hace meses que no ves y realmente… apenas conoces? Aunque fuera mi abuelo solo tenía algunos recuerdos suyos. Navidades, algún cumpleaños y poco más. Para mi era prácticamente un extraño y sinceramente, no me apetecía estar con él tanto tiempo… sería incómodo. Pero no podía hacer nada, a día de hoy aun no consigo que mi madre cambie de opinión.
Al día siguiente, al acabar las clases y explicarles a mis amigos que no me verían hasta el lunes, me dirigí hacía el lugar donde me esperaría mi abuelo con su viejo coche. Por alguna razón mi abuelo no estaba…. Pero tras media hora de espera apareció con una sonrisa en su arrugada cara y mientras abría la puerta me dijo:
-Perdona fill, se m’ha fet tard. Puja –he de decir que mi abuelo siempre ha hablado conmigo en su idioma. Yo lo entiendo, pero no tan bien como para entender absolutamente todo lo que dice. A partir de ahora intentare traducir todo lo que entendí, no todo… lo siento si me bailan algunas palabras.
La primera hora de viaje pasó de forma corriente y aburrida. Ese coche no tenía radio… por lo que me veía forzado a hablar. Hablábamos de trivialidades… Cómo me iba en clase, con mis padres, mis amigos… cosas así que a las que respondía algo a desgana. Cuando se acabo el tema de conversación reino un gran silencio. Únicamente oía el ronroneo del viejo motor del coche. Estaba distraído mirando por la ventanilla cuando el viejo rompió el silencio preguntándome:
-¿Sabes a dónde vamos?
-Claro, a tu pueblo –respondí como si fuera obvio.
-Bueno si… pero primero pasaremos una noche en el pueblo de tu abuela, después haremos noche en el mío y por la mañana te enseñare algo que quiero que veas… y volveremos a Madrid.
-¿Y qué es lo que quieres enseñarme? –pregunté intrigado.
-Lo veras cuando lleguemos-contestó con una enorme sonrisa en la cara. Era como si se riese de un chiste que yo no había cogido- Por cierto, ¿qué sabes de tu abuela…?
Después de hacerme esta pregunta me contó cosas sobre ella. Yo prácticamente no sabía nada, murió cuando mi padre era aun un niño… Por lo visto era una mujer preciosa de una familia bastante pobre. Mi abuelo tuvo que hacer muchos esfuerzos para poder casarse y conseguir trabajo y casa. Cuando mi padre tenía unos diez años mi abuela cayó muy enferma… y no sobrevivió. Desde entonces mi abuelo trabajó como un mulo para poder sacar el solo a mi padre adelante. Finalmente se mudó de Valencia porque le daban una miseria en el campo… y no le era suficiente para mantener la casa.
No tenía ni idea de por qué no conocía esa historia… supongo que es algo de lo que no le gustaba hablar a mi padre. Desde ese momento empecé a dirigirme a mi abuelo con más respeto… deje de pensar en él como un anciano y empecé a ver la persona que un día fue. Una persona muy fuerte.
Alejandro de Chagro